lunes, 23 de junio de 2014

Off: "Solo un Sueño" - Ambar


Ambar:

En este planeta confuso nombran a la actividad celebrar durante el descanso con la misma palabra que utilizan para los deseos: sueños. Sueño y deseo son lo mismo, el anhelo de algo que no se tiene. La única diferencia entre sueño y deseo es que para soñar hay que dormirse y para alcanzar los deseos hay que despertar. Sueño y deseos también tienen en común cierto grado de inconciencia. Tanto el que sueña que vuela como el que desea cosas casi imposible de alcanzar debe forzar la realidad y correr los límites. Nadie sueña con lo posible, lo fácil. Un deseo implica riesgo, dificultad. Soñar no es para cobardes. Algo soñado, es algo muy deseado y muy difícil de obtener. Y así, los humanos van de insatisfacción a insatisfacción. A veces la vida soñada comienza cuando se deja de soñar, cuando se abre una ventana y se sale a la vida: a despertar. 

Los sueños no tienen nada que ver la duda, el que desea no duda. La duda, es solo culpa que es el reverso del deseo. A lo largo de la historia humana, las religiones, instituciones, los dogmas han atacado directamente los sueños diciéndole a las personas que desear esta mal. Atacan los sueños porque saben que el desea es indomable. El deseo libera una fuerza irrefrenable. La potencia de los sueños es que tiene una fuerza capaz de modificar la realidad. Los humanos son el campo de batalla entre sus deseos y realidad. Una fuerza interior potente desea el mundo exterior hostil se opone. 

Desear, desear con fuerza, con ilusión no es garantía de alcanzar los sueños. La frustración es una posibilidad. Desear es abrazar la posibilidad de la frustración, aceptar que nadie gana siempre ni nada pierde siempre. El sueño dorado y la pesadilla más oscura también tiene su final. Cuando el sueño de desvanece, la realidad se impone con su certeza más cruel. La vida, observada sin el cristal de sueños, es oscura y fría. Todo se vuelve un páramo árida, la desilusión de un sueño frustrado es desabrida. Pero por más adverso y duro que se muestre el mundo exterior nada puede con la fuerza más fuerte: el deseos. Porque el deseo tiene la capacidad de renacer de las cenizas mismas de la frustración. Se puede renunciar al sueño pero es imposible dejar de soñar. El deseo nunca muere. El deseo no muere, no cambia, no claudica. El deseo solo crece, lo aumenta su tensión. Creen que sueña como si fuera una acción voluntaria, nadie elige soñar ni qué soñar. El sueño se impone. Cuando sueñan no dudan que eso que sueñan es real. Pero tampoco ponen en duda la realidad cuando están despiertos. Si en sueños creen que la realidad más disparatada es real porque no piensan que la realidad más real es un disparate. Porque aceptan algo como real si en definitiva todo es sueño, todo es ilusión. Incluso la realidad que se ve tan ferria y solida es solo una ilusión. Y el sueño más onírico es realidad, sueño y realidad están fundidos. Y la vida es solo eso, solo un sueño y el que si quisieras podes levantar tus brazos y volar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario